Nedgia somos tod@s

Estimados compañeros, estimadas compañeras,

Dirigimos esta carta para mostrar y ofrecer nuestro más sincero y leal compromiso con la defensa de cada uno de los puestos de trabajo de toda la plantilla. Sin excepción.

Según palabras de la empresa, “el panorama que se presenta no es nada halagüeño”. Es una delicada forma de decir que la realidad que se avecina, como mínimo, es de una preocupación extrema.  El escenario que se abre es desolador.

Todos conocemos el detonante que supuso la posibilidad de un cambio en la regulación sobre la retribución que perciben del estado empresas como la nuestra. Los datos los hemos tratado todos múltiples veces.

Algunos sitúan en este punto la causa de todas las “consecuencias” que, además, nos presentan como inevitables. Parece que todo se mueve, empujado por ese primer motor llamado CNMC, mecánicamente, sin otra alternativa posible. Convierten  así la realidad en un rígido determinismo en el cual la voluntad humana carece de toda capacidad de elección. Intentan convencernos que estamos condenados a un futuro preestablecido.

La dirección de nuestra empresa se exculpa así de toda responsabilidad. Tiran la piedra y esconden la mano.

Nos avocan a la resignación.

Pero se plantean varios problemas ante este nada halagüeño planteamiento.

Primero, no compartimos en situar el origen de todo en las decisiones últimas del regulador. Ellos también fueron movidos, como hemos podido leer en diferentes medios de información, por varios factores, por ejemplo, la voracidad de los fondos privados de inversión y sus planes estratégicos, en contraste con una de las facturas energéticas más elevadas de Europa para el ciudadano. He aquí una responsabilidad directa de los que dirigen nuestra empresa. No  es la única como veremos más adelante.

La empresa privada no puede convertirse en regulador de su propio negocio. Es algo que todos entendemos sin problema. Por supuesto, la empresa privada debe velar por su negocio y participar en el debate con el regulador. Esto también lo entendemos.

Aquí comienza el segundo problema que, al menos nosotros, percibimos:

Las decisiones de la empresa son enormemente agresivas, peligrosas e imprudentes. Paraliza inversiones y ahora manda a casa a 300 empleados. Dicen que se han quedado sin carga de trabajo, suponiendo esta medida un “simulacro” de ajuste de plantilla. Ajuste que, aunque se lleve a cabo, sorprendentemente no influiría demasiado en los resultados económicos de la empresa, ni solucionaría nada.

Así nos han cosificado, convirtiéndonos en un arma arrojadiza o, lo que es peor, en víctimas colaterales ineludibles.  La violencia a la que nos somete la empresa es insoportable y además inútil.

Nos utilizan como carne de cañón. Una forma de chantajear al regulador jugando con el futuro de nuestras familias.

No se puede permitir.

El equipo directivo de Naturgy no puede eludir su responsabilidad. Es inadmisible que paguemos las consecuencias los empleados cuando ellos son uno de los actores fundamentales, como hemos visto, que nos ha llevado a esta situación.

Lejos de aceptar responsabilidades o consecuencias, nuestra dirección hace todo lo contrario:

A pesar de que la brecha salarial es cada vez mayor -nuestros sueldos han bajado gravemente mientras que la remuneración de la dirección ha subido en torno al 3%- cuando hay que pagar las consecuencias y aceptar su responsabilidad, la esquivan, impactando de lleno sobre nosotros los trabajadores. Pero ¿qué responsabilidad tenemos nosotros, acaso hemos sido nosotros los que hemos negociado?

Eso sí, el ejecutivo de Naturgy, junto a otros 24 directivos, se podrían beneficiar de un bonus para el que se han invertido 200 millones de euros.

¡Es intolerable!

Pensamos que la empresa debería haber adoptado otras decisiones y haber negociado con el regulador sin desencadenar una guerra  tan enormemente lesiva para las trabajadoras y trabajadores.

Han preferido adoptar medidas alarmantes y sensacionalistas y, para más inri, inútiles en cuanto al resultado económico para paliar ese déficit en la retribución que se prevé, sin aportar además una solución objetiva y creíble.

Estamos absolutamente en contra de estas medidas y contarán con nuestra total oposición.

Las repercusiones psicosociales son tremendas. Están jugando con algo más que con la CNMC, están repercutiendo en nuestra salud y la de nuestras familias.

¡se han traspasado líneas rojas que deberían ser infranqueables!

Bajo nuestro criterio la única negociación posible es la defensa a ultranza, con todos los medios disponibles, de cada uno de los puestos de trabajo. Sin vacilación.

Tenemos herramientas para superar esta situación.

Si todo sigue adelante, como lamentablemente parece, creemos que el único camino debe ser la garantía de empleo de todas y todos.

Amparamos tal decisión en la cláusula de garantía de empleo (artículo 21) de nuestro convenio.

Tras los ajustes y reducciones de plantilla que ya estamos viviendo desde hace tiempo, adelgazamientos lo llama la empresa, sabemos que son muchos los departamentos que hoy en día están en cuadros.

Si se quiere, se puede. No hay excusas para oponerse a ello.

Nadie debe irse a su casa, ni gratis, ni cobrando, ni temporal, ni definitivamente. Esa es la única realidad que contemplamos y estamos dispuestos a defender.

 Añadiremos también que  es posible, pues somos un negocio consistente y poderoso,  un estudio económico serio, maduro y riguroso que remedie la posible disminución en la rentabilidad de nuestro negocio. Decimos disminución, pues el nuevo marco lo que prevé es justamente eso, una disminución en la rentabilidad y no un futuro negocio sin rentabilidad y ruinoso.

No tenemos dudas de que en la empresa contamos con brillantes profesionales con la capacidad de realizar un plan estratégico que persiga una solución que beneficie a todos en nuestra empresa. Sin medidas suicidas ni consecuencias tan perjudiciales y desoladoras como las que se plantean. Con el objetivo de garantizar el trabajo para todos los integrantes de la plantilla, así como una rentabilidad más que razonable para los que nos dirigen.

Además, existen alternativas serias y eficientes para que nadie tenga que irse a casa ni sufrir un golpe tan duro.

No hay necesidad.

Por último, ofrecemos nuestra colaboración y esfuerzo siempre que se trabaje en el objetivo de conseguir ese bien común que todos anhelamos.

Volvamos a la cordura.

Agradeciendo la atención mostrada,  quedamos a vuestra disposición.

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